The Story Of Us Orgullo

Orgullo.

En cuanto salí de mi habitación pude escuchar voces provenientes de la sala, una pertenecía a mi padre, pero la otra me era desconocida. Al bajar las escaleras mi padre me hizo un gesto para que me acercara y poderme presentar al hombre.

-Hija, éste es el señor Müller. Es mi nuevo socio y me estaba comentando que tiene un hijo de tu edad, quizá podrías salir con él a dar una vuelta, mostrarle el fraccionamiento y si gusta, la ciudad.                          

-Oh, mucho gusto señor. Alison Berry.

-Glücklich1 Alison. Soy el Señor Adelbert Müller, pero puedes llamarme Adelbert, o Adel. –dijo al tiempo que estrechaba mi mano- Tu padre me ha dicho que estás en tercer año de secundaria ¿cierto?

-Sí, así es señor. ¿Su hijo en que grado está?

-Oh bueno, lo que pasa es que tengo 2 hijos. Muy buenos muchachos... espera, debo de tener alguna foto de mi familia por aquí... –dijo alegre mientras hurgaba en los bolsillos de su saco.- ¡Bereit!2 Aquí está. Él es mi hijo Arnold, éste otro es mi hijo Calvin y ésta bella mujer de aquí es mi esposa Emma. Llegamos hace 5 meses de Alemania y vivimos al otro lado del pueblo.   

                                      

1) Glücklich: Mucho gusto. (2) Bereit: Listo, preparado, presto...

Bueno, el acento hacía obvio que venían de Alemania. El señor Adelbert resultó ser un hombre bajo, gordo y su escaso cabello era rubio muy claro. Sus mejillas eran de un rojo encendido y vestía un traje gris perfectamente planchado y zapatos cafés bien lustrados.
Los muchachos de la foto eran rubios y de ojos azules. La mujer era, ciertamente, muy bella.
Tras un silencio bastante incómodo, mi padre dijo que lo mejor era que se pusieran ¨manos a la obra¨, el señor Müller se despidió de mí y mi padre solo me dedicó una mirada dura antes de irse.                           

Sí, mi padre podía llegar a ser bastante extraño. Un momento estaba furioso conmigo y al siguiente me presentaba a sus colegas como si nada hubiera pasado y yo fuera su hija favorita... pero en fin.

Subí a mi habitación, puse música de Taylor Swift y me metí a bañar. Al salir envuelta en mi toalla miré el reloj que estaba en mi mesa de noche y vi que marcaba las 2:30; saqué de mi closet algo decente que ponerme por el resto de la tarde: unos jeans deslavados y una blusa azul tejida y mis botas cafés. Me sequé el cabello y solo me enchiné las pestañas. 

 Eran las 3:00 cuando bajé de nuevo las escaleras, y Mason estaba con Cailin, su novia; llevaban 1 año y eran inseparables, eso era bastante provechoso pues no lo veíamos tanto como podríamos.
Vanessa se había encerrado en su habitación. Seguramente estaba chateando con alguna de sus amigas. Y Anthony... pude verlo desde la ventana de la sala, estaba tomando su bicicleta. Decidí salir a ver si podía acompañarlo, ya que algo de aire fresco no me vendría mal.

-Hola Anthony, ¿a dónde vas?

-Ah, ¡hola! Voy a la tienda de videojuegos, Dylan me dijo que su mamá habló con Gordi y le dijo que ya tiene las figuras de colección que le encargamos.

-Oh, vaya. ¿Y de qué son ésta vez?

-Son de la Guerra de las Galaxias, la última vez no tenían a Luke y Leia. ¿Quieres venir conmigo?

-¡Claro! Voy por mi patineta, espera.

Subí corriendo al tercer piso y saqué de la bodega mi patineta rosa con motas verdes, guardada en su funda azul con verde; la tomé y salí corriendo hacia abajo para salir con Anthony.

Cuando salimos del fraccionamiento nos dirigimos al centro del pueblo por la calle de Hot Springs, donde se cruzaba con la Avenida Principal dimos vuelta a la derecha hasta llegar a la plazuela y, cerca de la tienda de películas pudimos ver el letrero de la tienda de antigüedades –y curiosidades- de la señora Sharp. El local de videojuegos y comics estaba a la vuelta, en el mismo bloque de locales.

-Bueno Ali, voy con Gordi.

-Espera un momento Anthony, antes podrías pasar a saludar a la señora Sharp. –le dije agarrándolo del hombro para que no saliera corriendo.

Dejamos nuestros vehículos en el estacionamiento de afuera de la tienda y entramos haciendo sonar la campanilla sobre la puerta.

-Hola señora. ¿Cómo está?- dijo mi hermano a ningún lugar en particular.

-¡Hola cariño!- de detrás del mostrador salió la señora Sharp cargando unas cajas con bolsas y plásticos para envolver-¿Cómo estás? Ah ¡hola Alison! Hace mucho tiempo que no te veía. ¿Cómo has estado pequeña?

No importaba que ella midiera 1.50m, o nuestra edad, para ella, todos en Luna Hills éramos “pequeño/as“ y al menos para mí, la señora Sharp era una fuente de sabiduría y la consideraba como la abuelita que nunca conocí.

-Muy bien señora Sharp. ¿Y usted?

-Perfectamente. Permíteme atender a éste caballero y estoy contigo ¿si?- y le hizo una señal a alguien para que se acercara a una mesa que había al fondo del local. –Bueno Adam, dime ¿qué puedo hacer por tí?

-Oh, verá madame, estoy en busca de un regalo para Rossette, ya ve, el miércoles es su cumpleaños. Me gustaría darle un collar o algo parecido.

¿Madame? No conocía a nadie que llamara a las mujeres “madame“, únicamente a...

-Mmm, creo que tengo justo lo que necesitas. Permíteme. –y desapareció por la puerta de la bodega.

-¿Monsieur Mure?

-¿Qué? Oh, ¡hola Alison! ¿Cómo estás? ¿Qué te trae por aquí?- mi profesor de francés se veía tan bien como siempre, a Summer le habría encantado.

-Estoy bien, gracias. Vine a acompañar a mi hermano –que ya se había escabuído- a la tienda de videojuegos, pero hace mucho no veía a la señora Sharp. ¿Cómo está usted?

-Muy bien, gracias.

-Quería felicitarlo por su compromiso con la señorita Bryant, pero no había podido hacerlo en la escuela. –me puse roja- Hacen muy bonita pareja.

-Merci, Alison.

En ese momento salió la señora Sharp con otra caja en la que aparentemente había más cajitas.
Decidí alejarme para darles un poco de espacio.

-Muy bien, Adam. Éstos son los más bonitos...

Dejé de escuchar lo que decían porque me puse a recorrer lentamente la tienda para ver todas las maravillas que había en ese lugar. Había desde libros antigüos, pasando por ropa muy vieja pero bien conservada, hasta llegar a accesorios y cosas extrañas encontradas en casas del siglo XVIII que fueron abandonadas por distintas razones.

Tendría aproximadamente un mes de que no había entrado a la tienda. No había muchas cosas nuevas, obviamente, pero nunca me cansaría de ver lo que había. Estaba recorriendo los mismos pasillos, los mismos estantes, las mismas mesas y repisas, cuando la vi; una caja de música negra, con una bailarina adentro y que la melodía que tocaba era “Claro de Luna“ de Debussy, un poco distorcionada por la antigüedad del mecanismo.
Pude haber seguido con la caja musical de no ser porque creí haber escuchado mi nombre...

-¿Alison? –era la voz de mi profesor de francés- ¿Podrías venir un segundo, porfavor?

-¿Sí? –dije poniendo la caja musical en su lugar.

-Bueno, me preguntaba si podrías ayudarme a escoger un collar para Rossette. Ya que he notado que Summer y tú siempre usan accesorios que van bien con todo...

-¡Claro, claro! –sonreí e imaginé la reacción de Summer si hubiera escuchado ese comentario.

Me acerqué al mostrador en el que estaban las cajas con los collares, que en realidad eran relicarios, y quedé asombrada por la belleza de éstos.

-Bien, veamos. Le estaba diciendo a la señora Sharp que quiero algo bonito, con una historia bonita, ya sabes.
Absolutamente todos los artículos que estaban en esa tienda tenían una historia que contar. Eran, según la señora Sharp, como su biografía.

-Éste- dijo señalando uno en forma de círculo de color rojo- perteneció a una princesa rusa que estaba enamorada de uno de sus sirvientes. Ambos sabían que su amor no podía ser, por el rango de ambos, y porque la princesa estaba prometida con el Conde. Un día, el muchacho encontró una piedra roja que le recordó al color de los labios de la princesa. Éste gastó su salario de 2 meses para llevar la piedra al herrero y hacer que la uniera a una cadena, para dársela a su amada. Desde luego, nadie sabía que era para la princesa.
Cuando el trabajo estuvo terminado, el sirviente se armó de valor y subió a la habitación de la princesa a dejarle el regalo en la puerta; pero para su desgracia, un guardia lo sorprendió y lo llevó ante el rey acusándolo de haber entrado a robar. Como penitencia, lo mandaron fusilar.
La princesa, al enterarse de lo ocurrido, se puso a gritar y a llorar mientras intentaba explicar que había sido un error, que el muchacho y ella eran amantes y que el collar era para  y no de ella.
El dolor que le sobrevino fue tan fuerte que decidió quitarse la vida mientras usaba el collar que el muchacho le había hecho.

Al terminar de contar ésa historia siguió con otra y otra y otra hasta acabar con todos los relicarios que había sobre el mostrador.
Ambos, me miraron expectantes.

-Vaya, bueno, todos los relicarios son preciosos. Pero... no creo que sus historias sean adecuadas. Digo, profe, usted ama a la señorita Bryant, y nadie prohíbe su amor ¿o sí? –negó con la cabeza- Así que, en mi opinión, no debería darle algo con un final así. Todas las historias son muy románticas pero, al final son bastante trágicas.

-Tienes razón. ¿Lo ves, Adam? Te dije que Ali sería de ayuda.

Mientras ellos discutían sobre si tenía otras cosas con un final más feliz, yo me puse a ver lo que había en el mostrador en que estaba recargada.

-Oiga, señora Sharp, ¿qué me dice de ése? –dije señalando a la parte inferior del mostrador, donde había un relicario que parecía abandonado entre un montón de pulseras.

-Humm, no recordaba ese.
Era bellísimo. Plateado brillante y con forma de corazón, se veía en buen estado. Lo único que le haría falta sería una buena limpieza. –Vaya, vaya –dijo la señora Sharp mientras lo tomaba- Ésta hermosura la compré cuando mis hijos, mi querido Houston y yo estábamos de vacaciones en la campiña Francesa.
   Lo encontraron entre las plantas del jardín de una casa a la que la comunidad le estaba dando mantenimiento; la llamaban “La mason de l’amour florissante“3.


  Cuenta la historia que hace muchos años éste collar se lo había dado un joven a su bella enamorada, como una promesa de amor eterno.   En cuanto cumplieron la edad adecuada, se casaron, compraron una casa en la aldea y formaron su propia familia.
Con el paso de los años, los hijos se fueron del hogar, dejándolos a los dos solos. Pasaron muchas décadas juntos, cuidando su jardín, componiendo poemas el uno para el otro, leyendo juntos... siendo felices.
   Naturalmente, la vida se fue acabando y la mujer fue la primera en morir. El hombre se sentía devastado, pero a la vez alegre por la vida por la que habían caminado juntos. Unos años después, el hombre fue al encuentro de su esposa.
   Sus hijos volvieron a la casa donde crecieron, e hicieron cumplir la voluntad de sus padres, que era que: “Al morir, debían juntar sus cenizas y esparcirlas por la campiña, en los alrededores de la casa en la que habían hecho su vida juntos“.
   Así lo hicieron los hijos, y se marcharon a seguir con sus vidas, dejando todas las pertenencias de sus padres en el lugar en que las habían dejado, como muestra de respeto y amor hacia ellos.
   Se dice que desde el día en que las cenizas fueron esparcidas, en esa zona de la campiña crecen los árboles más grandes y las flores más bellas de todas, debido al gran cariño que le tenían a la tierra en la que habían vivido.

Cuando la señora Sharp terminó con la historia, me di cuenta de que los 3 teníamos lágrimas en los ojos.

-No sé ustedes, pero es la historia más conmovedora que he escuchado hasta ahora. –dijo mi profesor mientras se secaba los ojos con la manga de su blazer gris- Creo que a Rossette le encantará.

-Bien, lo limpiaré y lo pondré en una caja bonita.

Volví a alejarme para dejar que mi profesor pagara su regalo. Regresé al lugar en el que había visto la caja de música que tanto me había gustado. Sólo escuché la campanilla de la tienda indicando que monsieur Mure ya se habia ido.

-Humm, veo que encontraste el tesoro, cariño. Ayer en la tarde, mi nieta Lenus me ayudó a quitar unas cajas de la bodega, y vaya sorpresa que nos llevamos al descubrir que estaba ahí abajo. ¿Te gusta? –asentí- Está un poco gastada, pero la puedo hacerla restaurar y, si la quieres, te la regalo por tu cumpleaños.

-¡Oh! Es muy bonita, pero no se preocupe señora Sharp, no tiene que darme nada, con su presencia en mi fiesta será suficiente. Aún no tengo el lugar ni la fecha pero creo que la haré en una de esas casas para fiestas de mi fraccionamiento. O eso creo... ya ve, Summer está organizándolo todo. Sólo me deja intervenir con los invitados y la comida.

-Eres muy amable, igual que tu madre... Sí, eres justo como ella.

-Me alegra saberlo. –bajé la cabeza- Realmente no me gustaría parecerme a mi padre más de lo estríctamente necesario, él es muy... ya sabe... especial.

No quería tener un deslíz y mencionar nuestra pelea de la mañana, pero tuve la impresión de que la señora Sharp dedujo que algo había pasado.

-Cariño, no pienses mal de tu padre. Yo sé que a veces es difícil convivir con él, pero es tu padre y no puedes cambiar eso. –puso su mano sobre la mía- Aparte, también tiene cualidades sobresalientes, como por ejemplo: que es muy ordenado, puntual, constante, no deja algo sin terminar... y sin mencionar que se ha esforzado mucho por mantenerlos a todos él sólo. ¿De acuerdo?

-Sí, está bien. –compuse una media sonrisa.

Y como buena “ abuelita“ me hizo pensar si no había sido muy dura con mi padre en la mañana. Y también en que ninguno de los dos se había disculpado