The Story Of Us Nuevos

Nuevos

Después del cumpleaños de Anthony la semana  y media siguiente pasó bastante rápido pero con algunas novedades: Mi padre regresó a Los Ángeles con Jonathan después de la fiesta de Anthony.
Aunque seguí sin poder ir a presentarme con los nuevos vecinos, me pasee por Crystal Springs en compañía de Summer, Byron y, en algunas ocasiones con Robert.
Linda y Bobby me regalaron el disco más reciente de Taylor Swift: “RED”, que acababa de salir unos días antes. Pasé todas las tardes escuchándolo en mi laptop y en mi iPod.

En la escuela me emparejaron con Chase en bastantes clases por ser de las más aplicadas; fue divertido y pude conocerlo mejor.
 Poco a poco Summer y Matt también se habían hecho amigos de Chase. Al igual que Byron, excepto que él intentaba mantener un poco más de distancia, no sé por qué.

Un jueves finalmente tuvimos oportunidad de ir a presentarnos con los nuevos vecinos. Aunque únicamente Anthony pudo y quiso ir conmigo. Mis hermanos alegaron tener cosas que hacer, y Linda tuvo que salir. Mi padre, para variar, estaba fuera trabajando.

Así que Anthony y yo salimos de la casa, camino al Paseo de la Luna. Íbamos platicando sobre nimiedades que no por eso dejaban de ser divertidas.
De camino a la casa de los nuevos vecinos nos encontramos a Byron, quien tampoco los conocía y también tenía planeado ir a verlos esa misma tarde.

-Hola Ali. Hola Anth.

-Hola. Hasta que por fin se nos hace conocer a los nuevos, ¿no?

-Sí, lo sé. Pero por lo menos ya conocemos a uno. –esa respuesta de verdad no me la esperaba, no recordaba haber conocido a nadie que viviera en Crystal Springs recientemente. A menos que…

-¿De qué hablas? ¿Cómo de que ya conocemos a alguien?

-Sí, ese chico Stryder. Su familia acaba de comprar la casa… ¿No te lo dijo? –parecía sorprendido.- Creí que ya lo sabrías, como estuviste casi todas las clases con él…

-Sí, ehm, no hablamos mucho ¿sabes? Lo pusieron conmigo para que le explicara qué es lo que estábamos viendo. Matt y tú hablaron más con él.

-Ya, pues charlamos de todo un poco y me dijo que se acababa de mudar con su familia a una casa en Crystal Springs. Bueno, más bien se lo dijo a Matt, yo sólo escuchaba y asentía de vez en cuando.

En ese momento llegamos a la casa y Anthony se adelantó corriendo para tocar el timbre. Se notaba desde fuera que habían cambiado totalmente aquella casa.
 En la cochera ya no había basura ni hojas de árbol caídas. En realidad estaba impecable. Había un pequeño árbol plantado en medio del jardín frontal y muchas flores rojas a ambos lados del camino para peatones hasta los escalones de entrada.

Mi hermano tocó el timbre y nos abrió la puerta una señora alta, delgada y de cabello negro y largo; probablemente era la madre de Chase, aunque no se parecían en nada.

-Buenas tardes. ¿Les puedo ayudar?- dijo con una sonrisa en los labios.

-Hola, somos sus vecinos y venimos a presentarnos y a darles la bienvenida al vecindario. –dijo Byron- Ellos son Alison y Anthony Berry, y yo soy Byron Anderson; me parece que mi mamá y mis hermanas ya habían venido.

-Oh, mucho gusto. Creí que ya habían venido todos los vecinos. –se volteó hacia la casa y gritó:- ¡Querido, visitas!

De un segundo a otro apareció un hombre también alto, algo fornido, de cabello dorado y ojos azules; definitivamente él era el padre de Chase.

-Pero déjalos pasar Anne. Vamos chicos, tomen asiento. ¿Podemos ofrecerles algo de tomar? ¿Agua? ¿Refresco? ¿Jugo?

-Agua está bien, gracias. –respondí al ver la aparente mezcla de nerviosismo con emoción del pobre hombre. Este se dirigió a la cocina y su mujer lo siguió.

Aproveché para echarle un vistazo a la casa, que estaba totalmente cambiada a como la habían dejado los dueños anteriores; en toda la estancia lucían unos muebles muy bien cuidados, en las ventanas las cortinas eran de color verde pálido (como las de mi habitación) y todo el piso era de madera bien pulida. Lógicamente, estaba todo lleno de cajas, por la mudanza, pero al mismo tiempo parecía como si todo ya tuviera un lugar determinado.

Cuando salieron de la cocina el señor se veía más relajado y la señora tenía una sonrisa en parte falsa en el rostro.

-Pero qué cosas, no les he dicho mi nombre. Me llamo Chester Stryder, pero pueden llamarme Sr. Stryder, o Chester si lo prefieren.

Volvimos a presentarnos y hablamos sobre la casa, la privada, la escuela, el pueblo, la gente y, desde luego de dónde venían.

Alrededor de 10 minutos después de nuestra llegada Chase bajó por las escaleras, se quedó helado al vernos a Byron y a mí ahí, charlando con sus padres.

-Pero qué… Byron, Alison. ¿Qué hacen aquí?

Se acercó a nosotros sonriendo y sin darnos tiempo para responder o despedirnos, nos jaló a los tres hacia la cocina.

-Hola Chase, no tenía idea de que vivías aquí.-dije.

-Sí, olvidé decírtelo. Oigan, ¿Qué les dijeron? –preguntó algo distraído volteando hacia donde estaban sus padres- Espero que no los hayan espantado tan pronto, son algo extraños pero, en fin.

-¿Qué? Oh, pues lo normal, supongo. Solo nos presentamos y nos dijeron que vienen de Chicago y que tienes una hermana pequeña. –respondió Byron a la ligera. –Me gustaron tus muebles, están muy bien cuidados y combinan perfectamente con la decoración; tu madre tiene buen gusto.

-Ah, sí. Gracias, creo… - bajó la mirada y le dijo a mi hermano- ¿Y tú cómo te llamas?

-¡Anthony! Pero puedes decirme Anth. ¿De casualidad tienes una hermana que entró a tercer año en la escuela?

-Sí, Jeanine…

Estoy segura de que Byron no lo notó, pero algo en la expresión de Chase cambió cuando dijo que su madre tenía buen gusto. Quizás aquella mujer no fuera su madre biológica, después de todo, se veía demasiado joven para tener un hijo de 17 años.

Chase nos mostró el resto de la casa y estuvimos hablando un par de horas, pero su actitud no fue la misma desde aquel comentario.

Más tarde ese mismo día, cuando había terminado toda mi tarea, me sentía algo frustrada y estresada. Linda me aconsejó salir a caminar y decidí tomarle la palabra.
 Subí por mi “bolsa de paseo” como la llamaba Byron, metí mi libro de recopilaciones de las obras de Shakespeare, mi celular, mi diario, mis plumas y lápices de colores, mi iPod con audífonos y salí.
 

Como hacía algo de frío la calle estaba desierta, caminé hacia el Paseo de la Luna y, para mi sorpresa, me encontré con Chase. Estaba tirado debajo de un árbol en un área verde de juegos para niños.

-Hola.

-Hola Alison ¿Cómo estás?-preguntó enderezándose un poco.

-Estoy bien. Pero por favor, dime Ali. – me invitó a sentarme junto a él y estuvimos en silencio. –Oye, quería preguntarte… Te entiendo si no quieres decirme, casi no nos conocemos pero… Hoy en la tarde que Byron, mi hermano y yo estuvimos en tu casa…Hizo un comentario sobre que tu mamá tenía buen gusto y te pusiste algo… serio… No lo sé, me pareció que…

(Suspiró)-Oh, lo notaste ¿eh? Si, está bien, es solo que… Anne no es mi mamá, es mi madrastra, por lo que Jeanine es mi media hermana. Mis padres se separaron cuando tenía 13 años, mi madre vive en Houston con su novio y yo con mi padre, su esposa y su hija.

-Vaya, lo siento es que parecías molesto por el comentario y, te aseguro que Byron no lo dijo adrede, pero a veces no se da cuenta de las cosas que pasan a su alrededor, y yo no pude evitar ver tu expresión y…

-Ah no, no te preocupes. No es que me moleste, es solo que… -suspiró- Mis padres no terminaron muy bien y, mi papá pretende que trate a Anne como si ella fuera mi madre pero, es imposible, y mi mamá está en Houston y yo aquí y… Es realmente estresante.

-Te entiendo.

-¿Tus papás también están separados? –Preguntó mirándome con sus impresionantes ojos azules. –Qué casualidad.

-Mmm no precisamente… En diciembre se cumplen 10 años desde que mi mamá murió. Pero digo que te entiendo porque a lo largo de ese tiempo mi padre ha tenido algunas novias y siempre quería que las tratáramos como a nuestra mamá pero, como tú dices, es imposible.

La expresión de Chase al escuchar que mi madre había muerto era de sorpresa acompañada de vergüenza.

-Vaya, lo siento mucho Ali, no quería… De verdad lo siento… -dijo apenado.

-No te preocupes, está bien. Digo, ya ha pasado mucho tiempo y, aunque a veces la extraño mucho pues… Así son las cosas y, tengo que vivir con eso. –Dije sonriéndole, ya que parecía que jamás se perdonaría haberme preguntado eso. Como si fuera algo que todo el mundo debería de saber.

En ese momento pasó Gabriel Stewart en su patineta y al parecer fui demasiado obvia al mirarlo porque Chase se me quedó viendo y dijo:

-¿Es tu novio o algo parecido?

-¿Qué? No, no claro que no, él es… un amigo. Es solo que… es algo extraño ¿sabes? Solo hemos hablado un par de veces por chat y, aunque hemos estado en la misma escuela casi toda la vida, e incluso ahora que está en nuestra clase de Artes, prácticamente no hemos hablado en persona.

-Ya, entonces solo te gusta aunque sea un tipo misterioso… Pero dime ¿tienes novio o algo así?

-Sí, creo. Se llama Robert Scott y es tres años y medio mayor que yo, va en la escuela pero… No hablamos muy a menudo, se pasa todo el día pensando en su carrera artística, y aunque vive aquí mismo, en Crystal Springs, no salimos mucho… ¿Y tú?

-No, para nada. Tuve una novia en Londres pero era algo… especial. Quería que todo el tiempo estuviera con ella y, no digo que eso esté mal, pero también necesitaba mi espacio; eso y que se enojaba por cualquier cosa que hiciera, fuera buena o mala, siempre le ponía peros al asunto y… no lo sé.

-Un momento… ¿Londres? Pensé que venías de Chicago. –Chase me sorprendía cada vez más.

-Sí, bueno viví en Chicago un año y medio, pero nací en Londres; a los 4 años de que mis padres se habían separado transfirieron a mi padre en su trabajo y lo mandaron a Estados Unidos, así que nos mudamos y por suerte, mi madre también se mudó para poder verme con más frecuencia. En Chicago mi madre conoció a Jackson y se mudó con él a Houston hace como 1 año.

-Eso explica el acento- lo miré avergonzada por haber dicho eso en voz alta pero, en lugar de disgustarse, comenzó a reírse.

-Sí, supongo que nunca se me quitará.

- Oye, ¿y te mudaste a Luna Hills porque…?

-Hace unos meses casi atropellan a mi hermana, Anne no aguanta nada desde que llegamos a Estados Unidos; Así que se asustó tanto que dijo que vivir en Chicago era muy inseguro. Mi padre dijo que tenía razón y que nos mudaríamos; aunque,-esbozó una media sonrisa un tanto maliciosa- tengo la sospecha de que Anne quería regresar a Londres y está muy enojada por haber venido a parar aquí…Pero ahora dime de ti, ¿siempre viviste aquí?

-Así es. Nací aquí, y he vivido aquí toda mi vida. –dije con cierto orgullo –Cien por ciento californiana.

 Cuando acordé ya eran las 8:55, habíamos estado hablando por casi dos horas.
  Era increíblemente fácil hablar con Chase; a pesar de que lo había conocido un par de semanas atrás, ya sentía que podía confiar en él para lo que fuera y podía contarle todo. No quería regresar a casa pero considerando que al día siguiente tenía clases, y que tampoco quería ser castigada… Me levanté, me despedí de Chase y me fui casi corriendo hacia mi casa.
Era probable que al menos Jonathan ya hubiera regresado al pueblo y, solo por parecerse más a papá –cosa que ni a mis hermanos ni a mí nos hacía gracia “¿por qué querríamos lidiar con dos papá?” decía Vanessa cuando no la escuchaban- hacía como que se molestaba por el “desorden” que hacíamos mis hermanos y yo por llegar tarde a casa, o cualquier otra cosa. Entré dando trompicones y para mi sorpresa (o quizá no tanta) Linda estaba en la sala, esperándome.

-¿Estabas con Robert?- fue su pregunta inicial.

-No...  –me miró, esperando más respuestas- Estaba caminando y me encontré con Chase Stryder y estuvimos platicando, por eso se me hizo algo tarde, no porque estuviera con Robert. Además, sabes que es un buen chico, no entiendo tu desagrado hacia él.- me irritaba que todos hablaran mal de Robert, podía tener defectos pero, es humano y todos nos equivocamos de vez en cuando.

-Oh, de acuerdo, entonces creo que está bien. Pero la próxima vez avísame cuando te quedes platicando tanto rato. –Su expresión cambió cuando supo dónde había estado.