The Story Of Us Mas Sorpresas

Más sorpresas.

 En cuanto salí de la escuela, me dirigí hacia la parte de primaria para esperar a Anthony, y cuando él salió corrimos hacia el camión para ir de regreso a casa. 

-¿Cómo te fue hoy?- le pregunté una vez sentados.

-Bastante bien, hoy Rose Parker me pidió ayuda con una tarea de matemáticas y la pude ayudar antes de que llegara la maestra y se enojara y le pusiera cero, es muy linda y simpática.

Ya conocía a Rose, y me caía muy bien. Era una niña muy linda y simpática de rubios caireles y ojos azules que, según me había dicho Anthony, quería ser bailarina de ballet. El punto es que siempre que Anth hablaba de ella hablaba con mucha emoción y alegría, por lo que no pude evitar preguntarle:

-¿Y te gusta? –pregunté medio en broma para molestarlo.

-¡No! Es solo una amiga. Me cae muy bien, y es divertida, pero… -se detuvo a media frase- También entró una niña nueva, no sé su nombre, llegó a 3° año.

-Mmm, a mi grupo también llegó un chico.

-¿Cómo se llama? ¿Cómo es?

-Se llama Chase. Es alto, rubio y… -me interrumpió.

-No digo de su apariencia. ¿Cómo es como persona?

-Bueno, no pude hablar mucho con él, pero se ve que es buena onda. –dije mirando hacia afuera del camión- Tal vez es hermano de la niña que entró a 3°.

-No lo creo Ali, dices que él es bueno, pero ella es muy grosera. –respondió arrugando la nariz. –En el recreo dijo cosas muy desagradables de Mildred Lewis ¡IMAGÍNATE! Y eso que va llegando… no creo que vaya a tener muchas amigas por aquí.

Un par de minutos después llegamos a nuestra parada. Cuando bajamos en la esquina de East Valley Road y Hot Springs, Mason se encontró con Daniel Jolie  -uno de nuestros vecinos, y su mejor amigo-, y se fue con él a no sé dónde. Sólo dijo que llegaría temprano.
 Seguimos caminando Anthony, Vanessa y yo, platicando de nuestras respectivas mañanas. Cuando llegamos al condominio donde vivíamos: “Crystal Springs Condominium”, con su letrero de mármol rosa y las letras doradas con el nombre del mismo; Anthony vio a Dylan Thorne, su mejor amigo, y quedaron de verse esa tarde.

Al acercarnos más a casa notamos que, en nuestra calle y hasta la esquina, se veía mucho movimiento, pero no hicimos caso y entramos.

Vanessa fue directo a su habitación a cambiarse de ropa. Era algo parecido a una diva vestida siempre de negro; a lo largo del día se cambiaba de ropa al menos tres veces, a veces incluso más si iba a ver a Noah, su novio.
 Anthony entró, como siempre, corriendo y gritando “Hola”, aventando sus cosas en la sala o al pie de la escalera y siguiendo su camino hasta el jardín, donde descansaba o jugaba un rato antes de comer.
 Yo por mi parte, entré y además de notar el aroma de la comida, también noté a Linda.

-Hola Ali, ¿no has visto unos aretes por aquí?- estaba tirada en la alfombra de la sala, buscando-Los usé la otra noche cuando salí con Bobby pero ahora no los encuentro.

-Hola, ahm no, no los he visto. ¿Por qué deberían estar debajo del sillón?

-No lo sé, pero por azares del destino pueden aparecer en cualquier lugar. –generalmente Linda era muy ordenada con sus cosas, pero aun así, frecuentemente olvidaba dónde dejaba las cosas.

-¿No los habrás puesto en el alhajero de tu buró? –dije mientras con una mano sostenía  una pera que había tomado de la cocina, y con la otra intentaba levantar la mochila y chamarra de Anthony, que ésta vez habían caído al pie de la escalera.

-Si, tal vez estén ahí. ¿Sabías que la casa del Paseo de la Luna ya se vendió? –me detuve- Los nuevos dueños llegaron ayer, pero su mudanza llegó desde el viernes o sábado. –se levantó y se sacudió los jeans- Aparentemente todos están en su casa dándoles la bienvenida. ¿Qué te parece si vamos en la tarde? Vanessa tiene clases ¿no?

-Si así es. Mason se fue con Jolie y Anthony irá con Dylan a ver a Gordi a la tienda.

-Oh, de acuerdo. Entonces iremos tú y yo.

-¿Y papá? ¿Y Jonathan?

-Tu padre se fue esta mañana a Los Ángeles. Algo sobre una nueva academia y papeles y más papeles. Y Jona pues, ya sabes. Lo siguió en cuanto terminó sus clases.

-Sí, la Academia Militar. –suspiré violentamente- ¿Crees que lo hace a propósito? Eso de faltar cuando lo necesitamos para cosas de la escuela… o cualquier otro compromiso.

-Es por su trabajo, Ali. Además –dijo alegremente- dudo que realmente quieras que él vaya disfrazado de vampiro u hombre lobo a lo de Halloween con Anthony.

-¡Ja! Más bien iría de zombie o de hombre de hojalata.  Pero tienes razón; no quiero ni puedo imaginarlo. Lo importante es que tú irás, ¿no?

-Desde luego y, quizás consiga que Bobby nos acompañe. –me guiñó un ojo.

-Si lo logras tienes que tomarle una foto. –dije riendo- De todos modos sería lindo que papá fuera de vez en cuando.

Linda se encogió de hombros mientras iba hacia la cocina y yo subí como pude a dejar las cosas de Anthony en su habitación en el tercer piso, para luego bajar a hacer mi tarea.

Cuando logré deshacerme de las cosas de mi hermanito bajé a mi habitación y lo primero que hice fue botar mi mochila en mi silloncito. Abrí la puerta del balcón y me dispuse a hacer la tarea; pero al encender mi laptop automáticamente se abrió Skype y vi que Summer estaba conectada, así que la llamé y nos pusimos a platicar.

-Hola Summer!

-Hey! Qué hay?

-No mucho, excepto que mi padre salió hacia Los Ángeles en la mañana y que seguramente no podrá estar aquí para el viernes e ir a la fiesta de disfraces en la escuela de Anthony.

-Mmm que cosas. Oye, hoy saludaste a Gabriel?

Como había supuesto, aquello no le pasó inadvertido, todo lo contrario a mi mejor amigo.

-Sí pero, como siempre, se volteó en cuanto sonreí. Comienzo a pensar que tal vez le caigo mal. Lo que me pone en un dilema, porque él me cae bien… aunque no hayamos hablado nunca.

-Sí, se notó… como que tu cara se ilumina cuando lo ves.

-Es que, que te digo… hay algo en sus ojos que me llama la atención y no es el tipo rudo y malo que aparenta ser; en realidad es un chavo súper tierno.

-Ya, entonces lo obvio es que te gusta el misterio. Pero ¿has hablado con él fuera del chat?

- No. El otro día solo nos saludamos con la mano en el pasillo pero no cruzamos palabras. En realidad no sé si le gusto o no…

-Seguro que si le gustas, siempre te está viendo y cuando volteas, él desvía la mirada. Tal vez solo sea penoso.

-¿Tú crees?

-¡Claro!

-Hum, pero de todos modos, también está Robert y creo que esta vez ya no habrá pleitos como los que nos han hecho terminar.

-Querrás decir, como los que los han hecho terminar las últimas 4 veces. Ali, ya te lo dije, no creo que sea lo mejor para ti. Siempre está tan metido en sus cosas que no te pone atención. No te merece.

-Claro que me pone atención, es solo que está concentrado en su carrera.- puse los ojos en blanco- Son las desventajas que andar con alguien mayor, supongo.

-Tonterías, amiga. El tipo puede tener 90 años y debe tratarte como reina.

-Ok, eso es enfermizo, Summer. –nos reímos- Oye, me está llamando. Te hablo al rato, ¿sí?

-Está bien. No lo saludes de mi parte. ¡Te quiero!

Colgamos y contesté la video-llamada de Robert.

Robert Scott, un chico de 19 años que iba en mi escuela y afortunadamente no estaba en el salón de mis hermanos… ya llevábamos un tiempo de novios, aunque más bien, era algo intermitente: un día éramos novios, al otro peleábamos y terminábamos, pasaba el tiempo y regresábamos, y así sucesivamente. Cabe mencionar que ni a mis amigos, ni a Linda, a ninguno de mis hermanos, ni a mi padre le agradaba.

-Hola hermosa. ¿Cómo estás?

La forma en que me hablaba era genial, siempre sabía cómo hacerme sentir bien, me quería.

- Hola, bien ¿y tú?

-Excelente, casi está lista la obra en la que actuaré, es en Diciembre; el 10. Irás a verme ¿verdad?

-Ahm sí, claro, veré si puedo. Pero, ¿qué hiciste hoy? No te vi en la escuela.

-Ah, si… Gin está enferma y mis padres salieron a trabajar, así que me tuve que quedar con ella. Pasó toda la noche con fiebre y no la quisieron dejar sola.

-No me digas. Espero que esté mejor.

-Sí, ya va mejor. Oye, ¿qué vas a hacer esta tarde?

-Planeo ir con Linda a darle la bienvenida a los nuevos vecinos. ¿Y tú?

-No lo sé, quería invitarte a algún lugar pero, en vista de que ya tienes planes…

-O podríamos vernos ahí y saliendo, irnos a pasear. ¿Ya los conoces?

-Sólo los vi llegar el domingo, no he ido a conocerlos. Pero en realidad no planeo hacerlo, ya sabes, no es mi estilo.

-Sí, claro. Bueno, me tengo que ir; nos vemos mañana. Te quiero.

-Bueno, igual. Adiós.

Me despedí y cerré la laptop. Me senté, pensativa, en el banco de la ventana y para mi sorpresa, vi que Gabriel estaba afuera de su casa, barriendo las hojas caídas en la entrada para el coche, viendo hacia la mía. Lo observé curiosa; era tan misterioso… Se detuvo por un momento y miró hacia mi casa, pero cuando nuestras miradas se cruzaron él se volteó y siguió barriendo, y yo juguetee nerviosa con un pequeño peluche de oso panda que me había regalado Byron por mi último cumpleaños.
 Recordé lo que había dicho Summer sobre las miradas y no pude evitar sonreír.

Bajé a comer con Linda, Anthony y Vanessa. Ese día Linda había preparado macarrones con queso y unas deliciosas chuletas con puré de manzana;  acompañadas de una ensalada de zanahoria y jícama rayada con limón y chile. Esto último, una especialidad de la madre de Linda, que se lo preparaba desde que era niña.

Aunque tenía planeado ir con Linda a presentarnos con los nuevos vecinos, a Linda -que era planeadora de eventos- le surgió la planeación urgente de una despedida de soltera, y yo me dispuse a hacer la tarea de francés para no atrasarme.

Desde luego, seguía conectada al chat platicando con Summer, con Byron, e incluso con Meryl Thompson.
 Meryl era una chica de 1° de preparatoria con la que nos habíamos llevado muy bien desde que estábamos todos en primaria. Se había mudado a Washington porque le ofrecieron una beca del 70%. A todos nos había entristecido su partida e intentábamos comunicarnos con ella cada que podíamos.
 Yo en particular la consideraba mi alma gemela literaria, puesto que era la única persona con la que podía platicar y discutir sobre libros, ya que nadie leía tanto como nosotras dos.

Terminé la tarea a eso de las 7:15 y decidí salir a caminar antes de cenar, tomé mi celular y salí.
 Pensé que podía pasar a saludar a Robert a su casa, por lo que me encaminé hacia la calle de Granada para subir hasta Nogales y finalmente llegar a Lirios Marinos, que es dónde Robert vivía.

Casi llegaba hasta la esquina de Granada con el Paseo de la Horquilla, que es donde se encontraba el parque de la privada, cuando vi a Adam Levis con su perro dálmata, Thor, afuera de su casa.
 Todos en Crystal Springs sabíamos que el señor Levis era bastante extraño, todos, incluidos los adultos, nos alejábamos de él… por mera seguridad, ya que algunos decían que había estado casado y que había asesinado a su esposa y a su hija recién nacida. Si era cierto aquello o no, nadie sabía, pero tampoco nos arriesgábamos a comprobarlo.
 

Bueno, supongo que mis hermanos y yo no lo tratábamos tan mal como los demás, pues, habiendo sudo criados prácticamente por Linda, nos había enseñado a no discriminar a las personas. Aunque tampoco nos había obligado a acercarnos, ni ella lo hacía.

Apreté el paso para salir de su campo de visión cuanto antes. Y, cuál fue mi sorpresa al encontrarme a Robert demasiado cerca de otra chica del fraccionamiento: Miriam Bacardi. Quien tenía el coeficiente intelectual de un pez. Con sólo decir que se creía superior a todos los demás porque pensaba que su familia había sido la creadora de la conocida marca de Ron… cosa que está demás mencionar que no era cierta.

-¿Robert? –me acerqué, y éste se sobresaltó, soltando la mano de Miriam.

-¡Ali! –se notaba nervioso- ¿Qué haces aquí?

-Pues… iba a verte. ¿Y tú?

-Ehm… yo…

Miriam entró al quite:

-Me ayudaba con unos muebles que tenía que mover de habitación, -reparó en que yo estaba mirando su mano, justo en el lugar en que había estado la mano de mi novio- y me corté con un clavo salido de debajo de uno de mis sillones.

Qué suerte la suya que de verdad haya tenido un corte –muy pequeño- en la mano, cuando la levantó para mostrarme. Robert pareció aliviado ante aquella salida por parte de Miriam.

-Sí, y le estaba diciendo que debía usar un poco de cloro disuelto en agua para curarlo. –menuda ocurrencia más estúpida.

-O mejor lávala con jabón neutro, aplica merthiolate y al final un poco de pomada. –los miré con los ojos echando chispas- Te aseguro que eso arderá menos y tiene más antiséptico que cloro con agua.

Las miradas de ambos expresaban una emoción algo extrañada y confusa.

-Claro. ¿Sabes Rob? Creo que tu novia tiene razón. Lo del cloro me parecía mala idea desde el principio.

-Como quieras.  –se encogió de hombros- Bueno pues, hasta luego Miriam.

Me tomó de la mano y caminamos hacia su casa. El ambiente entre nosotros era palpablemente tenso. Por más que quisiera creer que hacían justo lo que habían dicho, había algo en ellos que me parecía un poco raro.
 Al final conseguí olvidarlo y me dispuse a pasarla bien con mi novio… aunque él aparentara estar molesto por algo.

-¡Ali! ¿Cómo estás? –Gin, la hermana de Robert salió a nuestro encuentro cuando nos escuchó al llegar a su casa.- Hace mucho que no te veía.

-Hola, Gin. Me alegro mucho de verte, había querido venir desde hace tiempo pero no había podido.

-¿Ves, Rob? Sí que quería venir a verme. –estornudó y luego le dio un pequeño ataque de tos. De esos incómodos que no sirven para nada más que para ponerte en ridículo frente a alguien- Lo siento, estoy algo resfriada.

-Oh, no es…

Pero Rob no me dejó terminar la frase:

-Razón por la cual deberías estar en tu cuarto, metida en tu cama, tomando tus medicamentos. Y no danzando por toda la casa sin algún sweater que te abrigue.

-Pero… -Gin intentó defenderse pero Robert interrumpió de nuevo.

-Anda ya, en un rato llegará papá y si te ve fuera de la cama se enfadará conmigo.

Gin, cabizbaja, me dedicó una sonrisa melancólica y subió las escaleras hacia el segundo piso.
 Nosotros nos dirigimos hacia el cuarto de tele. La prendimos pero, en realidad sólo Robert la veía, ya que la puso en el ESPN y… a mí no me interesaban mucho los deportes.
 

Me parece que en todos los casos en que un chico –o un hombre cualquiera- está frente a un televisor, con un programa de deportes, se enajena por completo.  Ignorando incluso los intentos más desesperados por que pongan atención a otra cosa.

-¿Bebé? –dije intentando captar su atención- El mes que viene es mi cumpleaños.

-Ajá.

-Pienso organizar algo; una pequeña cena, una fiesta o un viaje a Los Ángeles. ¿Irás?

-¿Qué? Ah, claro, bonita. No me lo perdería por nada. ¡NOOOOOO! ¡¿Qué estás haciendo imbécil?! -de nuevo a la televisión. -¿Viste eso, Ali? Roethlisberger tenía a Burress listo para atrapar el balón, y el muy… tarado no lanzó. ¡AAAAAAAAGH!

Era por demás con él. Me quedó claro que no prestaría atención a nada mientras estuviera el futbol. Ya lo volvería a intentar más tarde.

Mientras él veía el partido, yo subí al cuarto de Gin a hacerle un poco de compañía. Ella era, a su modo, muy parecida a Robert: ambos eran dulces, amables, talentosos… Nos turnamos para jugar Tomb Raider en su X-Box 360.
 Y así, entre risas y turnos, le comenté sobre mi cumpleaños:

-Oye Gin, el mes que viene es mi cumpleaños y planeaba hacer algo. No sé, una pequeña fiesta, una cena, o algo así. ¿Te gustaría ir?

-¿Bromeas? –respondió con los ojos brillantes de alegría- Ahí estaré. ¿Cuándo es?

-Mi cumpleaños es el 26 de Noviembre, y cae en viernes, así que es ideal. Aunque, ni siquiera estoy segura de que vaya a hacer, pero en cuanto sepa, te llamo.

Nos pasamos otro rato jugando y platicando hasta que subió Robert, su partido debía de estar en el medio tiempo.

-Hola, amor. ¿Qué tal va tu partido?

-Ya terminó.

-¿Cómo? ¿Pues qué hora es? –miré mi reloj de pulsera, eran las 9:40 –Oh no, debo irme.

-¿Quién ganó? –quiso saber Gin.

-Steelers, por poco. –me miró- ¿Quieres que te acompañe?

-Claro, adiós Gin. Que te mejores.

-Adiós.

Salimos de la casa y caminamos en silencio hacia mi casa. A pesar de que ya me había olvidado del asunto, al pasar frente a la casa de Miriam no pude evitar pensar en la actitud sospechosa que tenían ambos. Al instante me puse algo tensa, y Rob pareció percatarse del cambio.

-Mmm, es una bonita noche, ¿no? –como si pudiera leer mis pensamientos, me tomó de la mano para tranquilizarme.

-Sí, ya lo creo que lo es. –respondí con un tono falso de emoción, mientras tiritaba de frío- Aunque algo fresca.

-Ajá…-entonces cualquier signo de caballerosidad por su parte, como por ejemplo: quitarse la chamarra y ponérmela en los hombros no le pasó por la cabeza. –Mañana ensayaré en el teatro, por si quieres ir a verme. Ya casi estamos listos para estrenar.

-¿A sí? Qué bien. Pues… veré si puedo salir. Ya es bastante tarde y no sé cómo vaya a encontrar a Linda.

Ja! ¿Sigue castigándote?

-Pues… no es justo decir que sigue, puesto que casi nunca nos castiga; pero mañana hay escuela y se suponía que saldría sólo un momento.

-Sí, seguro que es por eso.

-¿A qué te refieres? –lo miré.

-Ya sabes, Ali. No le caigo bien a Linda… o a tus amigos… y estoy seguro de que Mason estaría encantado de golpearme.

-¿Mason? ¡JA! Él siempre ha querido golpearte.

 Llegamos a mi casa y Robert me atrajo hacia sí.

-Me pregunto por qué será. – me dio un beso en los labios- Quizás porque soy insoportablemente guapo en comparación con él. –dijo susurrando.

Sonreí y volvió a besarme; ésta vez fue un beso más largo y febril. De esos que tienen la capacidad de quitarte la respiración por unos segundos, de esos que sólo se ven en la tele o de los que lees en las novelas románticas.
Cuando sentí que me quedaba sin aire y la cabeza empezaba a darme vueltas, me obligué a separarme un poco de él –sin deshacer nuestro abrazo- para respirar.
 Volví a sonreír y dije:

-Por eso o porque corrompes a su hermanita. –susurré también.

-Mmm te aseguro que es por lo primero. –ahora yo le di un beso rápido –O quizás, y sólo quizás un poco de ambos. –replicó divertido, y nos reímos, probablemente demasiado alto.

-Oye… creo que debería entrar. Ya es tarde.

-De acuerdo, pero si te castigan vendré a robarte.

-Jajaja, está bien.

Un último beso y emprendió el camino de regreso a su casa, mientras yo subía los peldaños hacia el porche de la mía.

Cuando entré, vi a Linda sentada en la sala viendo fijamente hacia la puerta, parecía molesta. Y cómo no; habíamos acordado desde siempre que entre semana la hora de llegada era a las 9:00, y los fines de semana máximo a las 2:00. Esa noche me había excedido sin darme cuenta y había llegado a las 10:00.

-Hola, lamento llegar tarde. –dije.

-¿Tarde? No lo es tanto, pero dijiste que saldrías a caminar. ¿Dónde se supone que estuviste tanto tiempo? -sé que no estaba realmente enojada pero se preocupaba por mis hermanos y por mí como si fuéramos sus propios hijos. –Me tenías preocupada. Sólo espero que no hayas estado con Robert, sabes que no me gusta que estés con él, es muy grande para ti y siento que sus intenciones no son buenas.

-Pues entonces tus esperanzas han sido en vano. Fui a verlo y me quedé jugando con Gin con el X-Box.

-¿Por qué si fuiste a verlo a él, te quedaste jugando con su hermana de 11 años?

-Porque él tenía cosas que hacer y hacia mucho que no veía a Gin. –odiaba mentirle.

-De todos modos debiste avisarme.

-Sí, lo sé. La próxima vez lo haré. –comenzaba a impacientarme, cosa que se reflejó en mi tono de voz.

-No me contestes así, Alison. Sabes que no me gusta que andes con Robert, ni que salgas sin avisarme, ni que me contestes de esa manera. –se levantó del sillón- Me duele decirte esto pero: estás castigada hasta el miércoles.

Genial. Lo que me faltaba. Resoplé cansada e intenté cambiar de tema.

-¿Papá no ha vuelto?

–No, llamaron hace un rato. Tienen que quedarse por lo menos hasta mañana.–suspiró pesadamente- Estoy cansada, me iré a acostar ¿de acuerdo? La cena está en la mesa y hay chocolate en el refrigerador. En cuanto termines te vas directo a la cama, señorita.

-Ok…gracias.

Tenía tanta hambre que terminé de cenar en un santiamén. Lavé mis platos y me escabullí a la habitación de Anthony, que ya estaba dormido. Salí a hurtadillas para no despertarlo y que Linda-cuya habitación está al lado de la de Anth- no me fuera a escuchar, y me fui a mi habitación.
 Me puse el pijama y me metí en la cama, estaba tan cansada que ni siquiera pude leer como acostumbraba. Finalmente apagué la luz y me quedé pensando en Robert hasta que, al final, me quedé dormida.